Fés

Después de dos veces a Marrakech, una vez explorando el este hacia el Atlas y hasta el desierto, y la siguiente hacia el oeste llegando al océano, la tercera vez decidimos cambiar nuestro campo base y visitar otra grande ciudad de Marruecos: Fés.
Como siempre, mi viaje empezó en mi cuarto de Valencia, a través de blogs, mapas, tripadvisor y google, buscando informaciones. Por todas parte se leía que Fés era una ciudad “difícil”, cerrada e inhospital. La Medina de Fés es la superficie peatonal más extensa del mundo, dicen que ahí viven por lo menos un millón de personas.

Yo nunca tomo ni en consideración el recurrir a un guía porque, por cuanto te explique y te dé informaciones interesantes, te quita el espíritu aventurero de quien se enfrenta solo a la ciudad. Explorar me provoca una vasta gama de sensaciones contrastantes que me gustan y que necesito. Y el miedo moderado y la preocupación de no saber qué pasará, son factores imprescindibles en la exploración. Pero al final opté por contactar con un guía oficial de la ciudad, aunque solamente durante la mitad de nuestra estancia en Fés (no me puedo privar totalmente de una pequeña dosis de aventuras).
Si la referencia de Marrakech es su plaza, la de Fés es la Puerta Azul, o Bab Bou Jeloud. De ahí, a través de un mapa que había dibujado con el auxilio de google earth, llegamos sin problemas al Riad que estaba justo fuera de la Medina, en una elegante Kasba. El Riad era una casa particular en el que el dueño alquilaba dos habitaciones, viviendo con su mujer y su hijo en una tercera habitación grande cuanto el cuarto de baño de mi piso, situada en la terraza. Nos invitó a subir para ver los techos, cosa que siempre gusta al hombre marroquí y que reconozco que ofrece una perspectiva interesante y alternativa. Intentó explicarme un poco la ubicación de los minaretes y de los palacios más importantes -¿cómo voy a orientarme yo viendo una torre a 200 metros de distancia, perdida en la Medina? – , pero lo que más me llamó la atención es que en casi todos los techos había restos de animales. En su terraza también vi que estaba colgado un buen trozo de piel con lana blanca. Era la Fiesta del Cordero (aunque no creo que al cordero le hizo mucha gracia), una fiesta islámica que es igual que el Sacrificio de Isaac. De hecho es la misma historia con los mismos personajes, hasta los mismos nombres. Busqué con la mirada la cabeza del cordero para sacar una foto reportage pero el dueño me dijo que ya habían preparado el hervido. Mmm cabeza hervida… ¡rica!
La habitación era limpia, el agua caliente. Perfecto. Teníamos toda la tarde libre ya que habíamos quedado con la guía el día siguiente.
La Medina de Fés es más inaccesible, cerrada e inhospital comparada con la de Marrakech. La gente parece un poco más cabreada, hay cuestas arriba, los edificios son de roca y las calles principales son estrechas y además sólo son dos. Era el día del Cordero, día de fiesta, así que muchos sitios estaban cerrados. No me dio mala impresión, pero si hubiera sido la primera vez en Marruecos y no la tercera, tal vez no me habría gustado.
Fés es misteriosa y difícil de descubrir, puede que el muro lleno de grietas que tienes al lado esconda un palacio estupendo o sea hasta la pared de una de las mezquitas más emblemáticas de la ciudad. Por eso es muy aconsejable contratar a un guía.

Cerca de la Puerta Azul hay muchos restaurantes y los hombres locales se ponen con las sillas orientadas hacia la calle, entreteniéndose con el paseo de la gente. Por ahí pasan todos: niños corriendo, mujeres tapadas, animales, turistas, hombres de cualquier tipo de pinta. Los sentados lo están mirando todo. Me fijé en ellos y había unos habituales, en concreto me llamó la atención un señor que era igualito que Marlon Brando (véase foto). Sentarse detrás de ellos significa observar a la gente que observa. Así decidí hacer. Me tomé un té y me relajé. Hay gente que charla con el vecino y con el amigo, pero también gente sola que mira, hora tras hora, la gente que pasa. Un anciano se pasó mucho tiempo imperturbable tanto que pensaba que ya ni podía pensar por la edad avanzada cuando, de repente, empezó a reñir a la camarera de 8 años que estaba recogiendo las migas de una mesa cercana con una mala leche que pensé: ¡Vaya tela que energía! Sin embargo, Marlon Brando no dio señales de vida, pero durante toda mi estancia en Fés estaba en su sitio, sentado, fumando y viendo la gente pasar.
La serie de bares y restaurantes cerca de la Puerta Azul se acaban pronto y empieza la Medina de verdad. No voy a describir las Medersas, las Mezquitas o la Universidad más antigua el mundo, todos estos sitios son preciosos y merecen la pena. El barrio de los curtidores es quizás lo más típico de la ciudad. Lo malo es que sólo se puede acceder desde las tiendas. Así que entramos en una con la idea que íbamos a marearnos un poco por el olor. Foros y guías advierten que hay un olor lancinante y que no todo el mundo lo puede aguantar, tanto que mi madre quería quedarse fuera. “Hay que probar, si ves que no lo soportas, sales y no pasa nada.”

En la entrada nos dieron hojas de menta para ponérnoslas en la nariz. Pues, que queréis que os diga? Igual no era un día de mucho calor o tal vez era tanta la expectativa negativa, que al final el sitio casi no olía! Hasta mi madre lo reconoció. Los dueños de la tienda nos explicaron cómo funciona esta clase de trabajo: ahí llegan las pieles – que se ven amontonadas en carritos y en el suelo – las cortan, las curan y las tiñen. Mientras tanto, desde la terraza de la tienda, se veían los trabajadores que estaban entrando y saliendo de las bañeras de colores y de guano animal (es un tratamiento para garantizar que el color se quede) cortando carcasas de animales y llevando montones de pieles en las espaldas.
Estaba viendo cómo el tío que me explicaba todo eso, llevaba también la pinta de quien no ha trabajado nunca como curtidor, sino que se había limitado a vender y a preocuparse de su tienda y su negocio. El rostro relajado, la barba perfectamente cortada y unas gafas con una montura muy elegante no tenían nada que ver con las caras de las personas que estaban trabajando ahí abajo: los curtidores tenían la ropa tan guarra que no se podía ni adivinar de qué color era originariamente, las caras sucias, sudadas y desgastadas, las espaldas curvas por haberlas esforzado demasiado en la vida. No me pude a cercar a ellos, pero creo que no olían a violetas del bosque sino que ni mil duchas le habrían podido quitar totalmente el olor a carroña. Creo que eran los “paria” de Fés. Los observé con mis mismos ojos y no he visto un trabajo más duro en mi vida.
Así que me hallaba en el curioso punto de encuentro entre el turista con pasta, el comerciante árabe y el paria, tres mundos distintos en conexión, aunque este último no toma contacto con los dos primeros que están en la terraza con una hoja de menta cerca de la nariz.. el paria está más abajo, trabajando para producir cuero y para alimentar el espectáculo para los dos primeros.
Habíamos quedado con la guía por la tarde, así que por la mañana decidimos dedicarnos a lo que está fuera de la Medina. Había leído acerca de una sinagoga muy bonita, así que intentamos buscarla pero en lugar que encontrarla, vivimos una experiencia negativa.
Como ya dije en mis entradas anteriores, en sitios turísticos la gente suele ser más desagradable, pesada y maleducada. A nosotros nos tocó por primera (y última) vez, una persona peligrosa.

Hay mucha gente que se dedica a dar vueltas por los sitios más emblemáticos, en busca de turistas. Se te acercan, te preguntan algo y se ofrecen como guías o intentan ayudarte con lo que sea para que les deje propina. A veces suelen ser pesados y para evitar momentos incómodos, hay que limitar mucho la conversación y sobre todo NO PARARSE. Mi madre se paró. Como si fuera la primera vez en Marruecos. El tío empezó a preguntarnos cosas, mi madre le daba largas pero sin autoridad. “¿Estáis buscando la Sinagoga?” “Si, pero vamos solos, gracias”.
Contestarle que “Si” equivale a cagarla. El tío empieza a seguirnos y hablarnos, le expliqué que no íbamos con él ni que le íbamos a dejar ni un duro. El hombre pero no nos dejaba, así que decidimos renunciar momentáneamente a la sinagoga, cambiando de rumbo, pero él siempre nos perseguía. Discutí con él, intentando mantenerme siempre cerca de la calle principal. Mientras tanto, el tío a veces llamaba desde un móvil con voz muy seria (en árabe, por supuesto) y cada vez que cambiábamos de rumbo, volvía a llamar. Me dio muy mala sensación. Decidí pararme en un bar, y él se sentó en otra mesa. Entonces monté un pequeño espectáculo, para que todos los clientes del bar pudieran enterarse. Le pregunté qué querría, que yo no le había hecho nada, que me estaba molestando y que la gente siempre había sido agradable con nosotros, pero él nos estaba incomodando y molestando mucho y que nos daba hasta miedo. El tío entonces, viendo que todo el mundo estaba pendiente de la conversación, me dijo que me iba a esperar fuera.

Ya había pasado casi una hora. Llamé a la guía que me dijo de ir a la policía, así que pagamos y justo a unos 100 metros había un palacio con soldados. Salimos del bar y el tío no estaba, pero igual nos estaba siguiendo, vete tú a saber! Alcanzamos el palacio, me acercqué a los soldados y les explicqué la situación enseñándoles la foto del hombre. Claro, con mi gran angular logré sacarle una foto para quedarme con su cara.
Por la tarde enseñé la foto a nuestra guía, que dijo que conocía a todos los falsos guías de la ciudad y que él no era un falso guía y que tenía pinta de mala gente.. probablemente un delincuente que nos querría atracar. En fin, tuvimos que renunciar a la sinagoga, pero el lado positivo es que tuvimos una historia más que contar (más interesante que decir: “vimos la sinagoga” “.. y ¿qué tal?” “sisi, muy bonita”)
Con la guía descubrimos rincones inesperados, hasta nos abrieron las puertas de una mezquita para que pudiéramos asomarnos. De otra forma, no habríamos podido ver nada. Comimos en un restaurante que tenía pinta de caro pero que caro no era y la comida estaba exquisita. El “tour” con la guía se acabó porque estaba anocheciendo y nos faltaba aún por ver, así que ella se ofreció llevarnos el día siguiente también, aunque solamente por la mañana. (gratis) Y así fue! Grande Wafa!
Bueno, ya que estábamos casi en la otra punta de la Medina, la guía llamó a un amigo que tenía una furgoneta. Desde el asiento de atrás pude ver las calles menos turísticas de la ciudad mientras que el chófer me estaba demostrando su habilidad y su inocencia en la conducción. El habitáculo estaba lleno de cosas colgantes, todas chorradas pero divertidas, hasta una pegatina que ponía Italia y que tenía por dibujo la silueta de Francia con los colores italianos. Jaja, lo que faltaba por ver!
El día siguiente habríamos dejado Fés para ir a Chefchaouen y Tetuán, así que nos paramos en una panadería local. Son sitios que los turistas evitan, así que los precios son para locales. Cada pan salía unos 10 céntimos, además muy rico el sabor!

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Detalle de una pared: los motivos sagrados no pueden representar a Dios ni a personas

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Uno de los bares cerca de la Puerta Azul. Los hombres charlan viendo la gente pasar, una costumbre común en todo el suelo marroquí

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Juventud de Fés

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Sigo diciendo que se parecía mucho a Marlon Brando

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El contrabando de tabaco es una práctica común en las calles de Fés

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Fiel se quita los zapatos antes de entrar. Antes de acceder al edificio, se tendrá además que lavar con el agua de la fuente del patio

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También a Marlon Brando le gusta ver la gente que viene y que va

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Un gato pasa silenciosamente por las calles de un mercado cerrado, fuera de la Medina

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La fiesta del Cordero es una de las más importantes del país

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La Puerta Azul de la terraza de un bar

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Justo detrás de la Medina, una mujer se ajusta su vestido caminando en la carretera en lugar que en la acera

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El custodio del templo nos permite asomarnos pero nos prohíbe la entrada, reservada a los musulmanes

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Un padre le enseña al hijo cómo regatear el precio de la menta en la plaza de la universidad más antigua del mundo

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Pocos perros, pero muchos gatos, en Marruecos

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Muros de piedras, callejones y arcos son una característica de Fés

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Recipientes colmos de guano en el barrio de los curtidores: una prenda sigue flotando en uno de ellos

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El lugar de uno de los trabajos más duro del mundo: la curtidoría

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Niñas que se despiden a la hora de comer

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Curtidores organizando carroñas antes de descuartizarlas

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Las tiendas de alfombras se hallan la mayoría de las veces en antiguos palacios con un patio interior muy amplio

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La Medersa, o Escuela Coránica

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El merecido descanso de un fiel

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La Puerta Azul desde fuera de la Medina

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 Una mujer pasa por una plaza justo detrás de la Medina en el día del Cordero

 

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6 respuestas a Fés

  1. ninive dijo:

    Genial relato y magníficas fotos….y si…doble de Marlon Brando

  2. Diarios de Viajes de Alessandro Rienzo dijo:

    Gracias!!!!!
    Si te acuerdas, hazme un favor… mira a ver si Marlon Brando sigue ahí… es muy fácil, se pasa todo el día en el mismo sitio y se ve… entrando en la Medina desde la Puerta Azul, en el segundo o tercer bar-restaurante de la derecha! Está fuera, sentado, imperscrutable!!! 🙂

  3. andrea dijo:

    Hola Ale!!! muy bueno tu viaje y todo tu detalle!!!! estoy yendo a Fes en 2 meses…por favor me pasarias el email de Wafa asi la contacto para hacer el tour por la medina con ella ? Muchas Gracias!!

  4. Diarios de Viajes de Alessandro Rienzo dijo:

    Gracias por haberme leído! Por supuesto!!!!! Te voy a dar el contacto de Wafa en un correo privado, si no te llega avísame que lo vuelvo a intentar!
    saludos y gracias!

  5. Paula dijo:

    HOLA ALE, MUY BUENA TU DESCRIPCION!! VOY EN SEPTIEMBRE A FES Y ME HA SERVIDO MUCHO!! SERIAS TAN AMABLE DE PASARME LOS DATOS DE WAFA A MI MAIL?

  6. Diarios de Viajes de Alessandro Rienzo dijo:

    Hola!
    Persona, no me di cuenta de tu mensaje… sigues interesada? Te paso el contacto???

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