Fés, Meknés, Chefchaouen, Tetuán (segunda parte)

De los tres viajes itinerantes que hice en Marruecos, nunca me había cruzado con tan malos conductores como en este último. Hay que tener cuidado, mucho cuidado. Porque me pasó varias veces: cuando estás a punto de cruzarte con un camión que viaja en sentido contrario, cabe la posibilidad que alguien detrás de él, lo adelante sin mirar. Un par de veces tuve que pegar un frenazo que no veas y arrestar totalmente el coche en la mitad de mi carretera, porqué un coche había inesperadamente “amanecido” desde detrás de un camión, viajando en sentido contrario, en mi carril! No importa que haya curvas o cuestas, siempre cabe la posibilidad de cruzarte con algún loco! También fue espectador de escenas parecidas, con un coche que, para esquivar a otro, tuvo que salir de la carretera, yendo a parar en unas rocas..

Llegamos a Chefchaouen a media mañana, el pueblo se veía muy pintoresco también desde la carretera, así que nos paramos para sacar fotos. Las montañas y el valle con el pueblo trepando puede ser un espectáculo bastante común, pero es siempre bonito! El pueblo es quizás el sitio más turístico que haya visto en Marruecos. La Medina con sus edificios pintados de azul tiene un fuerte impacto cromático y nosotros pasamos unas horas paseando por los callejones, todos pintorescos sin excepciones. Si lo he entendido bien, pintan de azul las casas para alejar a los insectos, pero si este método funcionase de verdad, habría miles de pueblos azules como Chauen en el mundo! ¿o no? La gente es muy amable, no insisten en venderte sus productos porque saben que algo te llevarás de todas formas, y saben que insistir con los turistas europeos no es la mejor estrategia para vender. Comimos en uno de los restaurantes de la plaza, en la terraza viendo el paseo: el tajine me encanta, pero llega un momento en que cansa un poco. El restaurante tenía wi-fi y un baño cuyo acceso era muy curioso: había que trepar por una escalera prácticamente vertical, abriéndote el camino de las cortinas que estaban colgadas en el techo. Y el techo del cuarto de baño no medía más de uno y setenta. Vamos, que yo mido 193 y tuve que utilizar toda mi puntería para centrar el inodoro! Lo conseguí, ¡por supuesto!

En un callejón, un chaval del pueblo se puso a hablar conmigo; vio mi cámara y me preguntó si era difícil para mí sacarle fotos a la gente, ya que a los musulmanes no le hace mucha gracia. A él también le gustaba mucho la fotografía, de hecho me quiso sacar unas fotos! Se invierten los papeles! La verdad es que no me ha molestado, pero no soy muy buen modelo, sobre todo después de unos días de viaje. Pero él era muy simpático y además aproveché para sacarle fotos yo también. Pasaron por ahí unos niños y él los paró y se puso a sacarle fotos. Y yo aproveché! No es como en España o Italia que si le sacas la foto a un niño entonces eres un pervertido o un pederasta pedófilo asqueroso; ahí la gente no te mira mal, de hecho si alguien protesta, son los mismos niños que no quieren o pretenden una pequeña propina.

Había dos niñas que querían jugar pero mi nuevo amigo quería sacarle un par de fotos más: perfecto! Pusieron una cara de mala leche y las inmortalicé!

Salimos de Chaouen y nos dirigimos hacia Tetuán, última etapa de nuestro viaje.

Nos paramos en un bar de la carretera, uno de esos bares espanta-turistas. En la terraza fuera, unos treinta árabes estaban jugando a las cartas, hablando y tomándose un té. Como en todos los sitios no turísticos, la amabilidad y la educación y – añado – la sensibilidad de la gente es impactante. Había una mesa libre y nos sentamos, relajándonos un poco.

Salió el dueño del bar que nos preguntó si estábamos cómodos o si quisiéramos que nos hubiese movido la mesa en el jardín que había a unos metros.

O sea, viéndonos turistas europeos, dos mujeres y yo, tuvo la sensibilidad de preguntarse si estábamos cómodos entre los árabes o si hubiéramos preferido un sitio un poco más apartado y tranquilo. Repito, no es la primera vez que los marroquíes llegan a tener esta clase de detalles conmigo.

No hace falta decir que nos quedamos ahí, que no nos molestaba nada estar cerca de otras mesas donde jugaban a las cartas (sin chillar, sin hacer nada malo…vamos, un sitio tranquilo!)

De hecho aproveché para preguntar acerca de los resultados de fútbol.. en estos sitios la gente tiene mucho tiempo libre y lo saben todo de fútbol.

Llegamos a Tetuán y aparcamos en el centro moderno de la ciudad, en busca de un hotel y de la Medina.

Pasamos uno pero era verdaderamente cutre,estaba todo abierto y sin recepción, así que decidimos seguir. Como siempre en estos casos, si andas al azar con cara de perdido, siempre se te acercará alguien. Así fue también en Tetuán. Un hombre con polo fucsia dijo que él conocía un sitio, nos llevó y la verdad es que estaba bien ubicado y muy bien de precio, pero tenía el baño compartido y ni a mi madre ni a mi tía le hizo gracia. El tío entonces dijo que iba a llevarnos a otro, pero empezó a meterse mucho por la Medina cuando yo el coche lo había dejado fuera, y empezaba a estar lejos. Después de un rato repitiéndole que no estábamos interesados en algo tan lejos, el tío dijo que iba a llevarnos con el coche. El nuestro, por supuesto! Total que volvimos al coche y él empezó a dirigirnos por las avenidas de la ciudad, rodeamos la Medina totalmente.

Llegamos hasta la otra punta, donde había un aparcamiento vigilado las 24 horas, lo cual estaba bien porque el maletero no se había arreglado y no pudimos sacar las maletas. Lo intentamos pero no lo conseguimos. Así que el plan era llegar al hotel y después volver a recoger las maletas. El tío pero empezó a callejear por la Medina y ya estábamos perdiendo el rumbo ya que había que recordarse el recorrido para volver al coche. Pasaron veinte minutos y yo empecé a hartarme, quería volver.. siempre quedaba un minuto, según él, y ya había pasado demasiado tiempo. El tío insistía pero me puse firme, quería volver al coche y ya había anochecido. El problema es que volver al coche habría sido volver a empezar a buscar. Al final aguantamos un poco más y finalmente llegamos. El hotel estaba bien, regateamos el precio y nos relajamos un poco. Preguntamos al dueño del hotel, un hombre mayor con una hija de 35 años y otra de 3, dónde estaba la puerta de la Medina del aparcamiento. Pues, estaba bastante cerca, el tío del polo fucsia nos hizo dar una vuelta enorme. Me quedé más tranquilo, fuimos a recoger las maletas y salimos un rato, para volver a cenar en el mismo hotel. La hija pequeña del dueño era muy simpática y para nada tímida, y se quedó con nosotros durante casi toda la cena, jugando y dibujando ya que no teníamos idiomas en común. Subiendo al techo, se veía toda Tetuán y parecía un belén, con sus calles blancas y sus luces amarillas. Detrás, una luna de plata muy baja, se reflejaba en el horizonte.. ahí vaaahh! el Mediterráneo!

Tetuán es la ciudad más autentica que visitamos en este viaje: la Medina es un grande mercado con sus curtidores y sus artesanos. Todo menos pintoresco que en Fés o Marrakech, pero también menos turísticos. En sus calles vendían pollos que mataban en la misma acera, mientras que mujeres del gorro muy extraño vendían hierbas. En otro barrio, los comerciantes vendían chaparras en el suelo.. radios viejas, ropa rota, zapatos sucios y otros productos que aquí en España hasta el más pobre tiraría a la basura. La gente no nos miraba, seguían su comercio y ya está.

Nos paramos a tomar café en un bar muy auténtico. La regla es: si no es turístico, es hospitalario. Un hombre mayor se levantó con su té y siguió de pié mientras que el camarero nos invitó a sentarnos. Tendrán fama de machistas pero la verdad es que no he tenido ni una experiencia machista en Marruecos. Entran dos mujeres y el hombre mayor se levanta para que ellas se sienten… ¿es esto machismo? En fin, los clientes del bar dejaron de hablar y nos miraron sonriéndonos, tenían curiosidad porque no pasaban muchos turistas por ahí. Además mi cámara siempre llama la atención! Un chaval intentó hablarme con un español muy básico, me dijo que tenía internet y que quería mantener el contacto conmigo pero la dirección de correo que me facilitó, faltaba de dominio, arroba y punto. Es decir: escríbeme, mi dirección de correo es: Macho1.

Él mismo nos serví en lugar que el camarero, el café era muy intenso, como nos gusta a nosotros! Saqué un par de fotos y nos fuimos. Volviendo al centro de la Medina, entramos en una casa museo donde el dueño, que en realidad tenía una tienda de alfombras, nos invitó a visitar la casa. Ellos no tienen prisa en vender, antes te abren las puertas de su casa, luego te invitan a un té. A veces merece la pena, porque si su negocio es vender, él del viajero es explorar y charlar con la gente. Al final nos llevamos una alfombra bereber, no tenía la intención de comprar nada pero me gustó mucho y..pues nada!

Me sorprendió ver que Tetuán, tan cerca de España, no era muy turística. Empezamos con mal pie con la búsqueda del Riad, pero acabamos con una opinión muy positiva de la ciudad. Hay pocos edificios emblemáticos, la mayoría además tienen la entrada prohibida a los no musulmanes, pero ha sido desde el punto de vista socio-cultural, la Medina que más me ha ofrecido.

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Cada rincón de Chefchaouen es especial y pintoresco, además los muros así de azules parecen de plástico.

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Chaouen se asoma desde el valle y se presenta así en la carretera

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Un grupo de mujeres vuelve a casa. Fuera del centro, la mayoría de las calles del pueblo están sin asfaltar.

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Una mujer de Chefchaouen decidió vestirse del mismo color que su pueblo

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El color azul, aseguran sus habitantes, espanta los insectos. Creo que si fuera cierto, habría muchos más pueblos azules, pero no lo descarto

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Como en todo Marruecos, los gatos gozan del cariño de la gente y viven una vida tranquila por las calles de la ciudad

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La leña sigue siendo muy utilizada en todo Marruecos para la calefacción y para cocinar.

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Las calles de la Medina de Chaouen son casi todas peatonales.

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Una mujer se hace decorar las manos en la plaza principal de Chefchaouen, bajo la mirada de su hijo. El decoro de las manos es un adorno muy común entre las mujeres de Marruecos

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Puerta, azulejos y muros azules hacen de este pueblo un lugar encantador y pintoresco

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Un anciano anda despacio entrando en la Medina de la ciudad

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Es interesante entrar en las tiendas de alfombras, porque muchas son edificios históricos y es una forma de visitarlos y de descubrir sus secretos

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Una mujer llena sus tanques en una de las numerosas fuentes públicas de la ciudad

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Cada rincón tiene su arte en este pequeño pueblo

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Un joven de Chefchaouen con la pasión de la fotografía, descansa en los escalones cerca de su tienda.

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Los juegos cromáticos son lo más común en este pueblo azul

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Me llamó mucho la atención que el cerebro, después de tanto azul, me hiciese ver el cielo como casi gris, aunque era totalmente azul

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Muchos callejones llegan a viviendas privadas, pero no hay perdida ya que la Medina de Chefchaouen es bastante pequeña

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Dos niñas un poco cabreadas se paran a discutir con un hombre. Yo estoy al lado y aprovecho

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Un muro por mostrador puede ser muy bonito en Chefchaouen

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Muchos ancianos siguen con sus vestidos tradicionales

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Escalones desordenados componen una cuesta arriba muy peculiar en la Medina

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Unos hombres se conceden un té y una charla en un bar de Tetuán

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La bebida más común en Marruecos es el té con menta y azúcar

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El dueño de una tienda de alfombras feliz de haberme vendido una

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La Medida de Tetuán parece dibujada por el mismísimo Kandinsky

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Mujeres vendiendo hierbas aromáticas en el suelo de la Medina de Tetuán

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Por la noche, Tetuán parece un auténtico belén

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En un callejón sin salida, unos curtidores trabajan las pieles en Tetuán

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Ancianas conversan en el umbral cerrado de una tienda en la Medina de Tetuán

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