Paris: Gente

Hablo por experiencia personal de tan solo 4 días. No quiero ofender a nadie y además mis experiencias son limitadas, es decir: no puedo sentenciar nada. Pero he visto que la gente se divide en dos categorías extremas: los simpáticos y los antipáticos. Así de simple. La vida estresante de los parisinos hecha de trabajo, horarios estrictos, largas distancias y mucha, mucha competencia, hacen que en la calle se vea gente generalmente nerviosa y poco propensa a pararse y charlar amablemente. Pero hay también quien se dobla en cuatro para ayudarte, dándote informaciones útiles o simplemente echándote un cable con el cochecito subiendo una de las miles escaleras del metro.

El recepcionista guaperas del hotel nos dio una primera mala experiencia: habíamos comprado por internet unas entradas para el Louvre (Véase apartado “Primer día), así habríamos podido ahorrarnos una larga cola. Lo malo es que la entrada no la puedes imprimir desde tu casa, hay que recogerla en determinadas tiendas (ni siquiera en el Louvre). Yo tenía el listado en la mano con todas las direcciones de los posibles sitios y pregunté al recepcionista cuál era el sitio más cómodo, tanto el más cercano al Louvre como al hotel, nos habría dado igual. El tío se puso a mirar y nos dijo que no había nada cerca, que había que ir a un sitio ubicado en las afueras, pero bien conectado con el metro. O sea, subirse al metro, retirarlas, volver otra vez. Al lado de la dirección ponía en francés: “sitio cerrado por traspaso”. Lástima que, aunque en francés, se entendía perfectamente. Decidí por lo tanto enviar un sms a mi padre, en Italia, para que nos ayudase con internet y en pocos minutos nos facilitó una dirección muy céntrica y a 5 minutos andando del Louvre, para poder recoger las entradas. A qué juego estaba jugando el recepcionista? La dirección que nos facilitó mi padre era la de una agencia de viajes muy elegante, en el corazón de Paris. Nos acogió un chaval con el pelo pintado del color del cobre y con un plumazo exagerado. Me preguntó si a mi hija le estaba gustando París (tiene un añito) ejej , me entregó los billetes, advirtiéndome que el Louvre aquel día cerraba a las 21h pero que otros días cerraba antes. Muy amable, porque decidimos por lo tanto ir el mismo día y aprovechar, además él se puso con su móvil a buscarnos informaciones meteorológicas para que pudiésemos elegir el día mejor para meternos en un museo. En fin, muy amable.

Justo en la plaza de los artistas, en MontMartre, había una oficina del turismo: ahí pregunté por la boca del metro más cercana y la tía me aconsejó una que estaba bastante lejos, además había que bajar toda la escalera de la iglesia de Sacre Coeur. Yo, que tenía el mapa, sabía que había otra más cerca y le dije que también había la línea verde que tal vez pasaba más cerca. Ella entonces, con cara de fastidiada, me indicó dónde estaba.

Así que empecé a no confiar más en los consejos de los demás, nada de parar gente preguntando por un restaurante bueno bonito y barato porque te pueden ayudar como joderte.

Voy a contar una última anécdota positiva, para dejar con buen gusto el lector… se hace así, no? Pues, como que había tres o cuatro paradas del metro que estaban cerrada, preguntamos al tío de la taquilla e información del metro que nos ayudase y el tío empezó a hablarnos en español contándonos además pequeños detalles personales de su vida (tenía origen gallego) y se entretuvo un rato, desde la ventanilla, charlando con nosotros. Muy amable. Claro, que si pienso en las personas de las ventanillas, también tengo que recordar que una muchacha trató muy mal a mi novia por no saber cómo utilizar el lector de tarjetas de crédito a la hora de comprar los billetes. Mejor dicho, mi novia lo sabía utilizar pero era en francés y simplemente le preguntó si tenía que poner el pin o pulsar algo antes. Nada más. La tía se puso a humillar a mi novia tratándola como si fuera una estúpida y dirigiéndole preguntas como

Tengo muchas anécdotas, (camareros amables y camareros odiosos que parecen fastidiados por tu presencia) pero lo que más me sorprendió fue que la mayoría de profesionales del turismo tienen un inglés muy básico o hasta nulo. Los que no son amables pasan por antipáticos porque parecen que lo hagan adrede pero por otra parte otros intentan ayudarte de corazón, poniéndose hasta nerviosos por la incomodidad de hablar inglés.

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2 respuestas a Paris: Gente

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