Edimburgo – Día 3

Llegamos al último día en Edimburgo, antes de empezar nuestro viaje itinerante. Un día soleado, un pequeño regalo para despedirnos de la capital de Escocia! Nuestra idea era de ir al centro a ver la parte que nos quedaba del casco antiguo, pero nuestra amiga-guía insistió en ir al jardín botánico y, como que habíamos expresado nuestro disentimiento el día de antes, subiendo a su coche no dijo adónde nos estaba realmente llevando. Aparcó en un barrio residencial bastante bonito y después de unos 200 metros andando, vimos el cartel que ponía Jardín Botánico. Pues, no nos quedaba más remedio que verlo, aunque no nos llamaba la atención porque el viaje en coche que habríamos empezado el día siguiente, era de interés más que nada paisajístico. Me arrepentí de haber sido escéptico porque el jardín mereció la pena, estaba muy curado en todos los aspectos y estuvo muy bien también para una niña pequeña como mi hija. Ahí había además un montón de ardillas que estaban tan acostumbradas a las personas, que se acercaban sin miedo en busca de comida. En el jardín se encuentra también un edificio central donde entramos para utilizar los aseos, muy limpios. Había una zona niños con muchos juguetes, wifi gratis (qué está bien para los turistas que, como nosotros, no disponen de una tarifa internacional) y una exposición fotográfica de viajes muy interesante. Salimos por el lado opuesto y fue bastante bien pensado por parte de mi amiga porque llegamos a ver una parte de la ciudad que no habíamos visto.

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Una ardilla posa para mi en el jardín botánico de Edimburgo. Los animales, acostumbrados a que los seres humanos les solemos dar de comer, no nos tienen miedo y se acercan bastante, con cómica curiosidad, en busca de algún fruto seco.

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Un abejorro está totalmente perdido en los olores y colores de las flores que no me hace caso. Hay miles en el jardín, pero no hay que tenerle miedo: no son agresivos como las avispas y son esenciales para el mantenimiento del ecosistema.

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Aquí nadie le tiene miedo a nadie.

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Una abeja se pierde en el azul de las flores del jardín botánico.

Volvimos al coche para ver el Fettes College, un colegio que más bien tenía pinta de castillo gótico. Carteles espantadores prohibían el paso a los visitantes y no estudiantes, pero entramos de todas formas. El jardín estaba vacío, no había nadie, sólo el ruido de nuestros pasos. En agosto también los escoceses están de vacaciones. Éste fue el colegio de personajes del calibro de Tony Blair, y efectivamente no tenía pinta de ser un colegio público. Otra parada breve que pero mereció la pena.

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El Fettes Cottage es un colegio abierto y con alumnos todavía, pese a que tenga pinta de castillo-museo. La ausencia de gente se debe a que en agosto no hay estudiantes y hay carteles que indican que el acceso está prohibido a los no estudiantes.

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El Fettes Collage tuvo como alumnos personajes ilustres como Tony Blair. Salió también en películas como en James Bond (sólo se vive dos veces) o Captain Britain (el equivalente de Capitán América)

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Detrás del college se hallan unos edificios pintorescos como éste. Aunque no parezca, estamos en el centro de la capital de Escocia.

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El Fettes College desde la avenida que termina entrando en su jardín.

Nos dirigimos a comer algo y luego pasamos otra vez por el Royal Mile, a gozar de la atmósfera lúdica de los artistas callejeros del festival, siempre diferentes.

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 El Royal Mile, como siempre durante el festival, ofrece espectáculos nuevos, entretenimiento gratuito y mucho buen rollo.

Recorrimos una avenida muy turística, llena de tiendas de souvenir en las que mis compañeras de viaje quisieron entrar. Vimos hasta una boda (la novia se parecía a un actor cómico italiano de los 80, Jerry Calá) y la universidad.

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La clásica escena de boda con la novia que pretende salir del coche, posando para su fotógrafo. El otro pie de ella nunca llegó a pisar realmente el suelo. Fue una bajada postiza.

Pasamos otra vez por las calles de la parte medieval: Candlemaker Row y Grassmarket, esta vez pudimos verlas sin lluvia! Había también espectáculos callejeros que probablemente eran independientes del festival de Edimburgo, pero vete tú a saber.

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Grassmarket y Candlemaker Row son dos de las calles más representativas para mi de la ciudad de Edimburgo. El estilo exquisitamente medieval se mezcla con la vida moderna, dando la impresión de estar dentro de la historia y de vivirla con los demás.

Circunnavegando el castillo, se pasa por muchos edificios antiguos. Lo más curioso es algo que notamos durante toda nuestra estancia en la ciudad: mirando hacia dentro, las casas tenían muebles viejos, las ventanas llenas de polvo y dejan la sensación de haber sido abandonados unos 30 años atrás. Pues, la gente sigue viviendo y estoy seguro que vivir en pleno centro no es barato, así que nos surgió la pregunta: ¿por qué? El estilo de los interiores no es del clásico salón antiguo con chimenea, es de muebles viejos sin atmósfera. Curioso detalle.

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El castillo de Edimburgo está ubicado en una pequeña montaña justo en el centro de la ciudad. Para ir de un sitio a otro, hay que circunnavegar la colina, lo cual permite de apreciar la construcción desde varios puntos.

Seguimos hasta meternos en un jardín, el Princes Street Garden, en uno de los bares más frecuentado por turistas de toda Edimburgo. Las mesas de fuera estaban petadas de gente, pero encontramos un hueco entre un grupo de japoneses y una pareja. Lo más desagradable es que había muchas avispas por ahí, atraídas por los restos de comida que los camareros tardaban en recoger. Así que el trozo de tarta que ordenó mi amiga, fue nuestro imán personal. Yo lo confieso: las avispas me dan miedo, pero más aún no quiero que piquen a mi hijita. En fin, no fue un descanso agradable para mi, además el continuo pasar de los turistas me daba la sensación de estar en una colmena para seres humanos. Tal vez esta última frase es un poco exagerada.

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Un par de caras que otros clientes del bar del jardín de Princes Street. Fotografiar me hacía olvidar de las avispas que me estaban fastidiando el relax.

Se nos había acabado el tiempo, el día siguiente habríamos tenido que llegar al aeropuerto de Edimburgo para recoger el coche que había previamente alquilado a través de internet.

Ahora me siento en deber de hacer un par de conclusiones de Edimburgo.

Es difícil creer que se trate de una capital europea, tiene más bien pinta de pueblo grandote. La misma Glasgow creo que tiene el doble de habitantes. La presencia de zonas verdes, parques, montañas casi salvajes y mucho, mucho espacio, aumentan la sensación de no hallarse en una “ciudad”. Lo que más me ha sorprendido son los contrastes. La gente es muy alegre, con muchas ganas de pasarlo bien: los escoceses son muy agradables pero los edificios son fríos y oscuros. Pero… (otro pero) ninguno en toda la ciudad te da la sensación de no ser acogedor. La austeridad de las piedras y de los ladrillos grises son rotas por continuas manchas de colores vivaces de las flores, siempre presentes en los umbrales y en las ventanas. No hay ni una planta pachucha, están todas perfectas y sin hojas muertas en el suelo.

Nos marchamos sin haber visitado el castillo y – seré burro – no me sentí arrepentido. Si hubiese tenido un par de horas más, habría preferido dedicarlas al museo National Museum Scotland , que me pareció muy interesante y en él que estuvimos solamente unos 40 minutos.

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Una visual de Edimburgo clásica, con sus casas austeras, sus árboles verdes y sus nubes siempre amenazadoras

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El festival está lleno de artistas pintorescos, pero a veces no son los únicos personajes que se mueven por el Royal Mile

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Mis compañeras de viaje. Todas las experiencias vividas, las he compartidos con ellas

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Hasta que Escocia pertenezca al Reino Unido, encontraremos las típicas cabinas telefónicas UK

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Estaba en el coche en movimiento y logré cambiar el objetivo en un secundo para poder sacar esta foto, seguramente muy curiosa.

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Detrás del castillo, en un barrio un poco menos turístico, un perro ofrece una triste bienvenida a la librería de su dueño, mientras que uno de los hombres peores vestidos de Escocia se está dirigiendo hacia mi.

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